Echando un vistazo a nuestra historia, no muy lejos, antes de la Revolución Industrial los quehaceres diarios eran tareas físicas forzosas: lavar a mano, correr, cargar diferentes objetos necesarios… Con la revolución de las máquinas nos acomodamos y nuestra actividad física aminoró.
De ahí surgió un problema importante: el ser humano necesita una cantidad mínima de ejercicio físico para mantener algunas funciones cognitivas básicas. En menos de un siglo cambió nuestro estilo de vida, pero nuestra anatomía y fisiología siguen siendo las mismas.
Cómo influye el ejercicio físico en el cerebro
La actividad física influye directamente en la manera en que pensamos, sentimos y afecta al aprendizaje, al estado de ánimo, la atención y el grado de ansiedad y estrés. De igual manera, tiene la capacidad de hacernos más resistentes contra algunas enfermedades o, al menos, frenar su avance o paliarlas.
Beneficios del deporte a nivel neuronal
A nivel neuronal, algunos de los beneficios más llamativos e importantes que produce la realización de actividad física son:
- Neurogénesis: creación de nuevas neuronas.
- Apoptosis controlada: disminución de la muerte neuronal.
- Mayor conectividad neuronal: las conexiones entre neuronas se vuelven más numerosas, fuertes y eficaces.
Estos procesos favorecen capacidades como el aprendizaje, la memoria, la concentración y la toma de decisiones. Pero, ¿cómo ayuda exactamente la actividad física a regular esas capacidades del cerebro?
El papel de las endorfinas y los neurotransmisores en el deporte
Las endorfinas son neurotransmisores producidos de forma natural por la glándula pituitaria (sistema nervioso central). Son las encargadas de producir sensaciones de bienestar, ya que combaten el malestar y disminuyen las sensaciones dolorosas.
Algunos de los neurotransmisores más esenciales que se activan con el ejercicio físico son:
- Dopamina: motivación y recompensa.
- Serotonina: regulación del estado de ánimo.
- Oxitocina: bienestar social y reducción del estrés.
- Adrenalina y norepinefrina: activación y respuesta al estrés.
Nuestro organismo dispone de una especie de balanza que regula la cantidad de endorfinas para equilibrar los estados de ánimo. La actividad física regular es clave para mantener ese equilibrio.
Qué le pasa al cerebro cuando dejamos de movernos
Somos seres en movimiento y el sedentarismo no nos beneficia en absoluto. Cuando la actividad física decae, las consecuencias a nivel mental son significativas:
- Rigidez e inflexibilidad mental.
- Menor capacidad resolutiva ante problemas cotidianos.
- Mayor tendencia a la negatividad.
- Conductas repetitivas y poco adaptativas.
- Reducción en la producción de endorfinas.
En definitiva, el cerebro se acomoda para no trabajar demasiado y la producción de neurotransmisores esenciales cesa, algo que no nos debemos permitir.
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Recuerda: DATE LA OPORTUNIDAD.
María Artés Amate. Psicóloga experta en Neuropsicología Clínica. La Casilla Centro de estimulación cognitiva. Tel: 655 92 26 24